Un testimonio contado en primera persona
2 de julio de 2025

Hans es un gordito de dos años y medio. El viernes 30 de mayo se despertó raro, y tras cuatro días de incertidumbre, recibimos los resultados de su análisis de sangre. Ahí nos enfrentamos a una realidad dura: Hans estaba atravesando un cuadro de insuficiencia renal aguda. Los doctores nos dijeron que probablemente se debía a leptospirosis.
El miércoles 4 de junio lo internaron y nos comunicaron que su estado era reservado. A mi pareja y a mí nos devastó la noticia… Ya habíamos pasado por una pérdida muy dolorosa y nos entristecía profundamente la posibilidad de no poder disfrutar más tiempo con Hansi.
Fue entonces cuando apareció mi amiga Tami, que me dijo: “¿Por qué no hacés una comunicación con él? Contale lo que está pasando”. No lo dudé. En esa carta le pregunté qué debía aprender de todo esto, pero más que nada, quería transmitirle dos mensajes muy importantes: que lo amábamos con todo el corazón y que esperábamos que se pusiera fuerte, porque aún nos quedaban muchas cosas por vivir juntos.
El viernes 6, Nati me envió la carta. La emoción fue tan intensa que mi cuerpo temblaba. En ese momento, me inundó una calma y una fe difíciles de explicar. En su mensaje, Hans no hablaba de su enfermedad. Hablaba de nuestro estancamiento, de nuestro “no vivir la vida que queremos”, de las quejas, de los dolores pasados... y ahí entendimos todo. Nos invitaba a no enroscarnos, a accionar, a hacer lo que fuera necesario.
Desde ese día, comenzaron a pasar cosas que hasta hoy siento como milagros. Ese mismo viernes pude verlo en la clínica, a pesar de que no me lo permitían. Estaba firme, de pie, y nunca dejó de mover la cola. Seguía con ganas de jugar con la pelota, aunque le costara mantenerse en equilibrio.
Con el correr de los días, sus valores renales empezaron a mejorar, pero apareció un cuadro hepático infeccioso. En ese momento decidimos darle el alta voluntaria y trasladarlo a otra veterinaria, donde iba a continuar con internación ambulatoria, lo que significaba que podía pasar las noches en casa.
Aunque físicamente estaba agotado y cada vez más delgado después de una semana sin comer, seguía moviendo la cola y buscando su pelota. Esa fue nuestra señal: esto no se terminaba acá.
En todo momento recordé las palabras de su carta:
"No siempre la respuesta aparece en la cabeza. A veces hay que avanzar, salir, probar aunque no sepamos qué va a pasar, y las respuestas van llegando."
Hans nos enseñaba a dejar los miedos y confiar. A que las cosas se acomodan de alguna forma. A que la queja solo estanca la energía.
Gracias a Nati y su hermosa forma de conectar, encontramos las respuestas que necesitábamos para salir del miedo y volver a confiar en nuestra intuición.
Su misma doctora me dijo: "Nunca vi un perrito de esta edad, con esos valores, salir adelante."
Hoy, Hans se recupera día a día, ganando fuerza y vida. Y a nosotros nos queda una experiencia profunda, que llevaremos siempre con nosotros. (@elhansitoperez )

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