Las Fiestas, qué emociones nos despiertan?
1 de diciembre de 2010
¿Te encantan, las odias, te entristecen? ¿Recibís a toda la familia en casa? ¿Solés hacer un balance del año o siempre huís y te vas de viaje?
Si nos prestamos un poco de atención, estas Fiestas pueden permitirnos conocer algo más sobre nosotros y de esa manera empezar a corregir patrones negativos, con la ayuda de las Flores de Bach y del trabajo terapéutico.
Cómo somos en las Fiestas
Voy a mencionar sólo algunas emociones o reacciones que pueden aparecer, algunas más dañinas para nuestro equilibrio que otras, y que corresponden a distintas flores del sistema Bach.
- Evasión: Te resulta difícil enfrentar la familia, el balance, los conflictos, las reuniones y sobre todo, te cuesta poder asumir lo que las Fiestas despiertan en vos. Preferís pasarlas de largo y hacer como si no existieran.
- Manipulación: Sos capaz de hacer de todo para tener a la familia cerca. De enfermarte, de suplicar, de generar culpa en el otro para que te preste atención. Te sentís abandonado si alguien decide pasar las fiestas en otra casa.
- Burro de carga: Todos te delegan la organización porque están acostumbrados a que tomes las decisiones. No sabés decir que no, ni delegar tareas, ¡ni descansar! Sos activo, no podés estar sin hacer nada y los demás lo saben.
- Soñador: Todo cambio de año te despierta fantasías sobre lo que vendrá. Tu imaginación vuela al futuro, crea posibles caminos y te cuesta concentrarte en todo lo que te resta hacer hoy. Imposible sentarse a estudiar ni hacer nada que requiera tu atención, porque tu cabeza está lejos.
- Abrumado: Te parece que hay tanto por hacer que no sabés por donde empezar. Aunque disfrutás lo que hacés, sentís que no cabe un pensamiento más en la cabeza, porque va a estallar.
- Nostálgico: Las fiestas te llenan de recuerdos. Siempre extrañas tu infancia, tu vieja casa, el barrio que dejaste o esa persona que ya no está. Aunque tu vida esté bien hoy, sentís que el pasado siempre fue mejor.
- Exigente: El balance siempre es negativo. Ves el vaso medio vacío: podrías haber ahorrado más, ganado más, resuelto más, aprendido más, adelgazado más. Y sos igual de exigente con los demás.
- Obsesivo: Si te encargaron una tarea, tiene que salir perfecta. La comida deliciosa, la decoración impecable, la casa pulcra; sos detallista con la limpieza y la belleza. Todo debe ser y estar perfecto.
- Critico: Encontrás errores en lo que hicieron los demás. Los platos eran feos, la decoración de mal gusto, la ropa de tu tío no combinaba, lo que te regalaron para Navidad no lo usarás jamás. ¡Un espanto!
- Entusiasta: Convencés a todos para que se festeje, cómo, cuándo y dónde vos querés. Creés que tu visión de las cosas siempre es la correcta y por eso los demás deben pensar como vos. Si tu hermana no te hizo caso, buscás alguien más a quien convencer.
- Preocupado: Siempre temés lo peor: que los chicos descubran que Papá Noel es el padre; que tu hija se atrase; que se queme la comida; que tu hijo se lastime al colgar las luces del árbol. Las preocupaciones invaden todos tus terrenos.
- Infravalorado: Te delegaron una tarea y no creés que puedas con ella. Ves que a los demás les resulta fácil, pero vos estás seguro que vas a fracasar y encontrás alguna razón para no hacerlo. Te cuesta creer en tu capacidad y renunciás antes de intentarlo.
- Dubitativo: Te cuesta elegir con quién pasar cada una de las fiestas. Pedís opinión a otros para saber qué regalo comprarle a tu novio, qué ensalada preparar, qué ponerte, si atarte el pelo o dejártelo suelto. Todo es una gran duda en tu vida y necesitás la ayuda de alguien más para tomar decisiones.
- Bajoneado: Algo dentro tuyo te angustia mucho. Puede ser una pérdida, un cambio o una suma de cosas y no encontrás motivos para festejar; ya bajaste los brazos. Te sentís fuera de los festejos, preferís quedarte solo. Sos de llorar con frecuencia y más durante las fiestas.
Estas son sólo algunas facetas de la personalidad, y quizás nos sintamos identificados con más de una.
Las barreras
Cuando lo que nos domina es el miedo, la duda, la preocupación, la obsesión, la tristeza, el deber, incluso la maldad o la envidia, somos incapaces de expresar nuestro potencial.
Hablan de áreas entro nuestro que están en desequilibrio con nuestra Alma y no nos permiten confiar en nosotros mismos ni en los otros, ni en el devenir de las cosas, en nuestro valor, en nuestras decisiones. Esta desarmonía nos hace sentirnos vulnerables al dolor y a la enfermedad.
Que este fin de año sirva para conocernos un poquito más.
Cuánto más nos conozcamos, más posible será encontrar el camino que nos hace felices y dejar aquello que nos hace mal.
Cualquier duda que tengan sobre este tema pueden escribirme a elmundobach@gmail.com. Si te sentiste identificado con algún aspecto de los mencionados, compartilo con un comentario.
Saludos y Felices Fiestas
Natalia Ginszparg - Mundo Bach

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