No recibís lo que deseás, sino lo que necesitás.
27 de mayo de 2025
Creo que alguna vez conté que la mayoría de las cosas que estudié, las conocí como consultante primero y me hicieron tan bien, que quise aprenderlas para poder ayudar a otros.
Lo cierto es que no fui de las personas que salen de la escuela con una vocación clara. Yo sabía que quería ayudar, pero no había ninguna profesión que resonara lo suficiente conmigo, y llegué a mi primera lectura de registros con la pregunta que cambiaría mi vida. O eso creí, hasta que mis guías me dieron una gran lección.
Luego de haber estudiado un montón de cosas y no sentirme plena con ninguna, mi primera pregunta fue ¿Cuál es mi misión en esta vida? Y yo esperaba la respuesta que ordenaría al menos mis siguientes 10 años. ¡Qué ingenua!
Su respuesta fue:
Todas las respuestas están dentro nuestro. Las personas que nos rodean, nuestros animales, jefes, parejas y experiencias son parte de los escenarios que arma nuestra alma para que aprendamos y nos reconozcamos al vernos en todos ellos.
Cuando me enfrento repetidamente a personas abusivas, me están mostrando que debo aprender a poner límites. Cuando se me cierran muchas puertas, me están mostrando que el camino de mi alma, está por un lugar que aún no recorrí.
Entender esto requiere de ver la vida con una perspectiva espiritual. Conocernos, aprender de qué formas nos habla el alma, nos permite elegir el camino que ella necesita para expresarse.
No podemos sanar lo que no conocemos.
Toda evolución nace de un camino hacia adentro.
Lo de afuera es un reflejo de nuestro interior.
Les dejo una frase que me recuerdo a diario: No recibimos lo que deseamos, sino lo que necesitamos para seguir aprendiendo.
Y esa lectura, sí que me dijo lo que necesitaba oir
Nati
Lo cierto es que no fui de las personas que salen de la escuela con una vocación clara. Yo sabía que quería ayudar, pero no había ninguna profesión que resonara lo suficiente conmigo, y llegué a mi primera lectura de registros con la pregunta que cambiaría mi vida. O eso creí, hasta que mis guías me dieron una gran lección.
Luego de haber estudiado un montón de cosas y no sentirme plena con ninguna, mi primera pregunta fue ¿Cuál es mi misión en esta vida? Y yo esperaba la respuesta que ordenaría al menos mis siguientes 10 años. ¡Qué ingenua!
Su respuesta fue:
“Primero tenés que saber quien sos, vivir, experimentar, conocerte. La misión viene después. Tenés que descubrir qué cosas te gustan, cuáles no, qué te hace feliz. Eso se va a descubriendo de a poco, pero es esencial para que luego puedas conectar con tu misión”.Se imaginarán que salí de ahí un poco frustrada, yo quería una respuesta específica que resuelva todas mis dudas. Con los años entendí que esas respuestas, que nos acercan a nosotros mismos, nunca vienen de afuera.
Todas las respuestas están dentro nuestro. Las personas que nos rodean, nuestros animales, jefes, parejas y experiencias son parte de los escenarios que arma nuestra alma para que aprendamos y nos reconozcamos al vernos en todos ellos.
Cuando me enfrento repetidamente a personas abusivas, me están mostrando que debo aprender a poner límites. Cuando se me cierran muchas puertas, me están mostrando que el camino de mi alma, está por un lugar que aún no recorrí.
Entender esto requiere de ver la vida con una perspectiva espiritual. Conocernos, aprender de qué formas nos habla el alma, nos permite elegir el camino que ella necesita para expresarse.
No podemos sanar lo que no conocemos.
Toda evolución nace de un camino hacia adentro.
Lo de afuera es un reflejo de nuestro interior. Les dejo una frase que me recuerdo a diario: No recibimos lo que deseamos, sino lo que necesitamos para seguir aprendiendo.
Y esa lectura, sí que me dijo lo que necesitaba oir

Nati
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