Qué sucede cuando callas lo que sentís.

 9 de junio de 2025


Los animales nos enseñan muchas cosas, sin duda. Desde cómo estar en el presente, mostrarnos tal cual somos, no aferrarnos a lo que es parte del pasado, aceptar los desafíos y verlos como aprendizajes potenciales y muchísimas cosas más.

Hoy quiero hablarles de algo que nos enseñan ellos y que si lo comprendemos, podría cambiar nuestra perspectiva sobre muchas cosas que vivimos.

Creo que hay una causa “común” para la mayoría de sus enfermedades o comportamientos indeseados de los animales de nuestra familia:

La dificultad humana para expresar lo que sentimos.

¿Cómo es eso?

Cuando las personas estamos enojadas, irritadas con algo o alguien y no lo expresamos, el cuerpo (propio o de nuestros animales) comenzará a picar, tendrá fiebre, saldrán erupciones, aparecerán contracturas, o tendremos problemas de hígado. (síntomas relacionados al enojo).

Cuando no expreso mi miedo, mi inseguridad, es posible que mis animales se vuelvan tan temerosos como yo, o por el contrario, sea muy dominante, quizás nos bajen las defensas, se nos debilite alguna parte del cuerpo o quedemos paralizados (nosotros o ellos) símbolos del miedo a avanzar, a mostrarme, a ser quien soy.

Así podría mencionar infinitas causas emocionales nuestras, relacionadas a las patologías o desafíos que ellos nos traen.

Como humanos, tenemos en ellos el espejo perfecto de lo que está desequilibrado en nosotros.
Como decía arriba, hay una clave común que es la expresión y no sólo la expresión para con otro), sino la validación interna de lo que sentimos, deseamos, necesitamos y creemos.

Para construir buenos vínculos es fundamental la honestidad, pero también apunto a cuán honestos somos con nosotros mismos, cuánto escuchamos lo que nos dice el corazón, lo que nos susurra la intuición, lo que nos grita el cuerpo.

Aceptar cada emoción, nos permite ver de qué forma nos afecta, qué podemos aprender de ella, qué opciones tengo frente a mí para dejar de sentir lo que siento si no es agradable. Si tapo mi enojo, si me paralizo por miedo, si me alejo para evitar una charla incómoda, estoy eligiendo no hacerme cargo de lo que ES.
En este camino de aprendizaje, no hay bueno o malo. Simplemente somos todos aprendices.

Aprendé de los animales. Permitite pedir, jugar, caerte, probar lo nuevo, mostrar los dientes, oler antes de acercarte si algo te da desconfianza, mover la cola si algo te hace feliz, descansar si el cuerpo te lo pide.

Todo lo que hagas en contra de lo que sentís, puede terminar enfermándote porque te aleja de lo que sos.

Si no sabés por dónde empezar, podés preguntarle a tus animales en una comunicación.
Nati

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